Entre Shootings y Juicing Days

Últimamente mi vida ha sido bastante así. Hay días en que estoy frente a una cámara y hay días en que estoy comprando frutas, lavando, picando, desarrollando recetas, haciendo jugos, rellenando planilla de Excel, respondiendo mensajes de clientes.. y intentando entender algún trámite que nunca había tenido que hacer antes. 

Y aunque desde afuera algunas cosas pueden parecer simples, por dentro han sido meses intensos, bonitos y desafiantes. Con sonrisas y lágrimas. 

Mucha gente quizás no sabe que mientras trabajaba como modelo en Chile también estudié gastronomía. Durante esos años combinaba ambas cosas. Iba a clases, hacía mis prácticas en restaurantes y al mismo tiempo seguía desarrollando mi carrera como modelo. Siempre me interesó la alimentación, la nutrición y la idea de cómo algo tan cotidiano como lo que comemos puede influir en nuestra energía, bienestar y calidad de vida.

Años después, viviendo en Milán, dejé de modelar por un tiempo y fui a trabajar en restaurante crudo vegano donde preparábamos jugos prensados en frío. Fue ahí donde descubrí una forma simple y práctica de incorporar más frutas y vegetales vivos en la alimentación cotidiana. Algo hizo clic para mí y esa idea se quedó conmigo. Desde ahí empecé a consumirlos y fui conocer en diversos países diferentes marcas de cold Pressed Juices. 

Cuando regresé a Chile en 2017 seguí compré mi propia máquina para prepararlos en casa. Recuerdo que ya pensaba: algún día me gustaría tener mi propia marca y se llamaría: The Joy Juice Co. En este momento trabajé con Bless en Chile y vi también su desarrollo en el mercado de los jugos y hacía contenido audiovisual para la marca Living Juice que llevaba el mercado local de jugos prensados en frío. 

Comenzó como una idea, como una intuición, como una de esas cosas que uno siente que en algún momento de la vida quiere hacer. Pero también entendí que no estaba lista. Tenía ganas, pero me faltaban herramientas. Seguí trabajando como modelo, viajando, haciendo campañas, aprendiendo otras cosas de la vida y creciendo profesionalmente. Y la idea quedó guardada, esperando su momento. Y si todo tiene su momento, nada es casualidad. 

Hasta que el año pasado algunas personas comenzaron a pedirme jugos. Y empecé a hacerlos. Primero muy de a poco, sin grandes planes, simplemente haciéndolo. Y así fue creciendo. Este mes llegó mi nueva máquina profesional y aunque parece un detalle pequeño, para mí fue un paso importante porque representa una nueva etapa. Ya que me permite expandir mi producción sin perder la calidad del jugo. Manteniendo un jugo premium a mis clientes. Con alto valor nutricional. 

La producción de los jugos en sí nunca ha sido la parte difícil. De hecho, es probablemente la parte que más disfruto. Me gusta ir a buscar frutas, desarrollar recetas, prensar, probar combinaciones y transformar ingredientes simples en algo que puede aportar bienestar a otra persona. Lo que he descubierto es que emprender tiene muchas otras capas. Hay una parte invisible que nadie ve: los permisos, los números, las ventas, el marketing, los errores, las decisiones y las dudas. Aprender cómo funciona una empresa, entender cómo llegar a clientes y aprender a vender algo que uno creo. Y todo eso ha sido completamente nuevo para mí.

Hay días en que siento que avanzo muchísimo y otros en que vendo uno o dos jugos y me pregunto cómo será el camino para que esto realmente crezca. Y me lo cuestiono todo. 

Hay días de entusiasmo y también días de cansancio, frustración o incertidumbre. Creo que cualquier persona que haya construido algo desde cero sabe exactamente de qué estoy hablando. Pero curiosamente nunca he sentido que quiera abandonar la idea. Porque hay algo dentro de mí que confía profundamente en este proyecto. Confía en la calidad de los productos, confía en la experiencia que he ido acumulando durante años y confía en que las cosas importantes muchas veces necesitan tiempo.

Hoy mis días transcurren entre muchas cosas distintas. Comprar frutas, crear recetas, responder clientes, pensar en etiquetas, imaginar un nuevo branding, hacer números, trabajar como modelo, entrenar para una media maratón y seguir aprendiendo. Porque eso es lo que siento que estoy haciendo realmente: aprendiendo. Aprendiendo a construir algo propio. Aprendiendo a sostener la incertidumbre. Aprendiendo a confiar un poco más en el proceso.

También estoy aprendiendo que cuando uno construye un proyecto propio no solamente construye una empresa. Se construye un nuevo “yo”. Aprende sobre paciencia, sobre constancia y sobre esas partes de uno que aparecen cuando las cosas no salen como uno esperaba. He dejado algunos panoramas sociales, he pasado horas pensando en cómo mejorar lo que hago, en cómo llegar a más personas, en cómo crear algo que realmente tenga valor. 

Quizás por eso me emociona tanto cuando alguien me escribe para contarme que un jugo le hizo bien, que incorporó un hábito más saludable o que simplemente disfrutó el producto. Porque detrás de cada botella hay mucho más que frutas y verduras. Hay tiempo, trabajo, ilusión, dudas, pruebas, aprendizajes y también mucho corazón.

No sé exactamente cómo se será The Joy Juice Co. en algunos años, pero sin duda cada jugo tiene la intención de ser el mejor jugo que alguien pueda tomar y nutrirse. 

Gracias por hacer parte de ese proceso. 

Con cariño,

Carline Hamerski

Siguiente
Siguiente

Si yo puedo, tu también puedes